La robótica acaba de dar un salto histórico. Un equipo de investigadores ha logrado crear robots autónomos microscópicos más pequeños que un grano de sal, capaces de percibir su entorno, procesar información y desplazarse sin ayuda externa.
Este avance marca un antes y un después en la miniaturización tecnológica. Hasta ahora, reducir el tamaño de un robot implicaba renunciar a funciones clave como la computación o la autonomía. Hoy, ese límite acaba de romperse.
El desarrollo fue realizado por investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Michigan, quienes presentaron lo que describen como el robot programable autónomo más pequeño creado hasta la fecha.
Un robot casi invisible… pero completamente funcional
El microrrobot mide aproximadamente 210 x 340 micrómetros y solo 50 micrómetros de grosor, dimensiones tan reducidas que puede colocarse sobre la cresta de una huella dactilar y resultar casi imperceptible al ojo humano.
A pesar de su tamaño extremo, el dispositivo integra en una sola plataforma:
- Computación y memoria
- Sensores ambientales
- Comunicación
- Sistema de locomoción
- Fuente de energía propia
A diferencia de prototipos anteriores, este robot no depende de sistemas externos para pensar o tomar decisiones. Puede ejecutar algoritmos digitales y modificar su comportamiento según lo que ocurre a su alrededor.

El gran desafío: moverse y pensar con casi nada de energía
El mayor obstáculo no fue conceptual, sino físico. A escalas microscópicas, las leyes cambian: la gravedad deja de ser relevante y dominan fuerzas como la viscosidad y el arrastre. Moverse en un fluido a este nivel es similar a avanzar dentro de una sustancia espesa.
A esto se suma una limitación crítica: la energía. El robot opera con un consumo cercano a los 100 nanovatios, una cantidad extremadamente baja que hasta ahora hacía inviable combinar computación y movimiento en un solo dispositivo.
Electrónica diseñada para sobrevivir con energía mínima
Para superar esta barrera, los investigadores rediseñaron la arquitectura electrónica desde cero. Utilizaron un proceso CMOS de 55 nanómetros y lógica digital en régimen subumbral, logrando mantener el consumo energético dentro de límites mínimos.
En ese reducido espacio, el robot integra:
- Células fotovoltaicas para alimentación
- Sensores de temperatura
- Circuitos de control
- Receptor óptico para programación y comunicación
- Procesador con memoria integrada
Movimiento sin motores: el robot crea su propio “río”
Uno de los aspectos más innovadores es su sistema de locomoción. En lugar de motores o piezas móviles, el microrrobot usa campos eléctricos para generar corrientes en el fluido que lo rodea, desplazándose sin partes mecánicas que puedan romperse.
Sus creadores describen este mecanismo como la capacidad del robot de crear su propio río para avanzar. Incluso la comunicación sigue una lógica minimalista: las mediciones, como la temperatura, se transmiten mediante secuencias de movimiento.
Microrrobots que trabajan en equipo
El avance no se limita a un solo robot. Los investigadores demostraron que múltiples microrrobots pueden coordinarse, sincronizando sus movimientos y formando patrones colectivos similares a los bancos de peces.
Este comportamiento cooperativo abre la puerta a tareas distribuidas, donde cada unidad aporta información local. En teoría, estos sistemas podrían funcionar de forma autónoma durante meses, siempre que reciban iluminación LED para alimentar sus células solares.
Un primer paso hacia aplicaciones revolucionarias
Aunque todavía se trata de una plataforma experimental, el potencial es enorme. Los investigadores visualizan aplicaciones futuras en campos como:
- Biomedicina
- Exploración de entornos difíciles
- Sistemas de monitoreo distribuido
- Investigación científica a microescala
El propio equipo aclara que este es solo el comienzo. El reto ahora será aumentar las capacidades de memoria y procesamiento para llevar estos microrrobots del laboratorio al mundo real.




